Boletín
Cuatrimestral de AUNA México A. C
N° 13 (enero—marzo de 2010)
Memoria,
Pertinencia y Autonomía del Pensamiento Crítico en América Latina
y El Caribe*
José
María Calderón Rodríguez[1]
Hemos concluido las Primeras Jornadas.
“Memoria, pertinencia y autonomía del pensamiento crítico en América Latina y
el Caribe misma que, durante los días 10, 11 y 12 de marzo de este año, hemos
realizado para iniciar las conmemoraciones del 50 º Aniversario del Centro de
Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
A lo largo de estos
días contamos con la participación de eminentes especialistas e intelectuales
que en cuatro conferencias magistrales dieron cuenta de la complejidad de la
historia moderna y contemporánea de América Latina y el Caribe, de los retos y
problemas que se plantean en este momento y que, de no enfrentarse desde ahora,
constituirán un pesado fardo para las generaciones venideras.
El conocimiento y
reconocimiento de los problemas pone también al descubierto cuánto se ha
avanzado en el proceso de elaboración de nuestra propia historia y la reflexión
teórica en torno a ella para tratar de entender no sólo, cuál es nuestra
colocación en la historia universal, sino también para saber de qué manera
contribuimos para que la historia fuera universal. Se requiere, así, de un
replanteamiento radical de nuestra visión de la historia, y de la teoría y
conceptos sobre los que se ha construido la modernidad y, más ampliamente,
sobre los que se ha construido la visión dominante, eurocéntrica, del mundo.
Un espacio
relevante lo hemos dedicado a tratar de entender cuál es el alcance de nuestras
utopías en un mundo caracterizado por la crisis generalizada del capitalismo financiero
y de los mercados autorregulados en donde, empero, no son claramente visibles
las hipótesis anticapitalistas; aunque sí encontramos alternativas de diverso
signo que expresan contenidos nacional-populares y antiimperialistas o tratan
de reconfigurar al capitalismo mismo bajo otros signos y fachadas.
En cinco mesas
redondas se dieron cita 21 ponentes con planteamientos que tocaron diversos
tópicos de la reflexión intelectual sobre América Latina y el Caribe. En la
primera de ellas, “Importancia y actualidad de los estudios latinoamericanos”,
se trató de la importancia estratégica actual de la región y sobre la forma de
traducir las múltiples connotaciones de su problemática construyendo nuevos
enfoques teórico-epistemológicos y conceptuales a partir de la noción central
de autonomía y los esfuerzos por superar los enfoques estrictamente
disciplinarios sentando las bases para la dilucidación de problemas a partir de
la investigación interdisciplinaria y el uso de la explicación de “totalidades
organizadas”. Este es un punto crucial que no puede tratarse con
superficialidad para estar tout court a la moda de los tiempos, pues exige
tanto de nuevos enfoques para abordar la construcción del conocimiento como
idóneas formas de organización del trabajo intelectual que sepan combinar el
trabajo individual con el colectivo.
A esta mesa no
fueron ajenos planteamientos finos acerca de la construcción de nuevos
paradigmas teóricos derivados de una relación más interactuante entre sujeto y
objeto que rebase las limitaciones impuestas por la estrecha y angosta visión
Norte-Sur. En efecto, de no hacer énfasis en el juego de más actores, se corre
el riesgo de perder de vista ricas interrelaciones ya que, a través de la
crítica-- y superación--, de las premisas teóricas presentes en el pensamiento
hegemónico se estará en capacidad de romper la circularidad de las formas del
dominio y sentar las precondiciones para la liberación del dominio y la
explotación. El pensamiento crítico, desde esta perspectiva, no es una expresión
del radicalismo espontáneo, irracional y unilateral, sino que se coloca en una
dimensión racional, totalizadora, emancipadora y universalizante.
La segunda mesa,
“Conflictos y perspectivas de construcción democrática en América Latina y el
Caribe”, puso en el tapete de la discusión la relevancia de intentar nuevos
tratamientos de los movimientos sociales y de clase y su relación con sus
“vanguardias orgánicas” a través de una relectura de la experiencia de los
clásicos del marxismo. Asimismo, se repropone un acercamiento a las categorías
gramscianas para otorgarle un nuevo valor a las mediaciones culturales (y
concretamente a la educación) en los procesos emancipadores en curso en
Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, México y Venezuela.
En otra ponencia se
cuestionó seriamente el alcance de las izquierdas latinoamericanas de hoy en
día y la profundidad de su capacidad transformadora de estructuras económicas y
sociales. ¿Hasta dónde, se preguntó la ponente, los cambios no son puramente
retóricos y cosméticos sin introducir mutaciones esenciales en la operatividad
fisiológica del capitalismo?
La tercera mesa,
“Crisis económica, acumulación y desacumulación en América Latina”, buscó poner
en claro, a través de cuatro exposiciones, la profundidad de los cambios
introducidos por el neoliberalismo en las estructuras productivas de América
Latina y su alienación de las instituciones políticas, pues mientras se
introdujo un modelo de acumulación perverso y totalmente adverso a los
requerimientos sociales y de bienestar de las clases subalternas
latinoamericanas, profundizando la dependencia y subordinación de la región a
los requerimientos de recursos naturales y mano de obra barata del capitalismo
central, se promovieron instituciones formalmente democráticas pero
sustancialmente neutralizadoras de alternativas más avanzadas y radicales de
democracia social y participativa.
Se ha dado así, una situación única en la
historia mundial del capitalismo: las periferias financian al centro, las
periferias hacen palpitar el corazón del capitalismo mundial, sin el oxígeno
del capitalismo periférico no habría vida posible para el imperialismo
contemporáneo. El caso paradigmático es el del lumpencapitalismo mexicano,
convertido en subsistema del capitalismo financiero estadounidense al ofrecerle
mano de obra barata dentro y fuera de su espacio territorial, materias primas a
precios de ganga y enajenar y engranar sus finanzas a la lógica de las finanzas
internacionales.
Para completar el
sistemas de relaciones de dominio del capitalismo financiero sobre el trabajo,
de los años setentas a la fecha, se ha reducido significativamente el
porcentaje del salario en el PIB, hasta el punto de representar 20% menos de lo
que fue en 1974. Asimismo, en tres años, de 2006 a 2009, se ha elevado
significativamente el costo de la vida, por lo que ahora se requieren tres
salarios mínimos para adquirir lo que a principios de este sexenio exigía sólo
uno. A partir de estos datos resulta claro que el capitalismo cipayo trata de
combatir la crisis con el aumento del tiempo de trabajo de la fuerza laboral,
es decir, con la sobreexplotación de la fuerza de trabajo. Si hace tres años se
requerían 13 horas para obtener el salario mínimo, en este momento se requiere
de 21 horas de trabajo para alcanzar el mismo nivel salarial.
Con relación a las
formas que ha asumido el funcionamiento del capitalismo periférico en América
Latina y el Caribe, se llega a la conclusión empírica de un proceso de
integración heterogénea al sistema. Si, por un lado, en Sudamérica, la
integración se facilita por la posibilidad de expansión de su mercado interno a
partir de un papel más activo del salario; por el otro, en Centroamérica y,
sobre todo, en México, la integración subordinada se presenta más bien a favor
de la economía estadounidense por los bajos costos de la mano de obra interna y
emigrada.
La conclusión de
esta mesa fue en el sentido que el modelo económico adoptado en la región
favorece la apropiación, por parte de las economías centrales, de sus materias
primas, de su mano de obra barata y de sus excedentes, por lo que es impensable
—bajo estos supuestos estructurales— esperar tasas significativas de
crecimiento y desarrollo.
La cuarta mesa,
“Pensamiento crítico y descolonización del saber”, permitió reflexionar, desde
diversos ángulos, sobre el pensamiento crítico y su vinculación, más reciente,
con la teoría de la “descolonización del saber”. Una de las intervenciones puso
de relieve el desarrollo del pensamiento crítico en el CELA y su fuerte
relación con diversas lecturas del marxismo, por lo que constituyeron, en el
ambiente autoritario y dictatorial dominante en Centro y Sudamérica, un espacio
excepcional de discusión, análisis y revisión teórica e histórica para la
comprensión de América Latina y el Caribe.
A lo largo de los
años setentas y ochentas se dieron las condiciones para la formación de un
pensamiento social latinoamericano propio, hasta el punto de constituir una
aportación original al marxismo y al desarrollo universal de las ciencias
sociales, en particular con la teoría de la dependencia.
¿Cuáles son los
alcances de los estudios sobre la descolonialidad del saber?¿Forman parte del
pensamiento crítico o tienen pretensiones universalizantes y totalizadoras
hasta el punto de llegar a ser sustitutivos de la más grande narrativa crítica
del pensamiento social, como es el marxismo, con su carga de modernidad,
ilustración, laicismo y antagonismo ante las fuerzas conservadoras y
oscurantistas de nuestra época? Frente a estas preguntas, el ponente advierte
en no pretender arrojar al niño con el agua sucia y recuperar, por lo tanto, el
nudo racional, revolucionario y subversivo de la crítica social moderna que
ofrece el pensamiento marxiano.
¿Cuáles son los
elementos característicos del pensamiento crítico? La crítica al pensamiento
único, a la linealidad y fragmentación del positivismo, a la visión de la
construcción del conocimiento como algo creado y dado para siempre, la crítica
a la subordinación del pensamiento elaborado a partir de realidades externas y
ajenas y aceptado o impuesto dogmáticamente. Por su lado, el pensamiento
crítico se construye en la praxis, en y con el movimiento real de la sociedad;
se trata por lo tanto de un pensamiento creativo y cambiante, que deshace
continuamente las certezas. El sujeto congnoscente es también el objeto por
conocer. Sujeto y objeto son internos al proceso de conocimiento y no elementos
disociados entre sí. Es un pensamiento iconoclasta, permanentemente inconforme,
en continua renovación, antidogmático y que todo lo pone en tela de duda. Pero,
también, el pensamiento crítico responde a una ética y a una moral y, alcanza
la cima, cuando traduce en acción su búsqueda por la dignidad del conocimiento
y de la verdad.
La quinta mesa, “El
futuro de América Latina y el Caribe: las posibilidades de la utopía”, procuró
resolver o, mejor aún, exploró problematizar una cuestión no menor: las
perspectivas de la región y los diseños probables de su futuro desde distintas
posiciones con una conclusión provisional situada en el ámbito del concierto de
las naciones: el reposicionamiento de la región en el campo internacional y el
peso que en ese reposicionamiento podrían adquirir dos países, Brasil y México,
por sus condiciones geopolíticas, recursos y dimensiones demográfico-territoriales.
Ambos países se colocarían, hipotéticamente, como potencias medias regionales
susceptibles de escalar mayores niveles dependiendo de las correlaciones
externas y de los juegos de poder de clase internos.
Concluyo. Las
actividades sociales obedecen a causalidades múltiples y responden a diversos
grados de racionalidad. Las Jornadas que nos han convocado a este momento, a
profesores, investigadores, estudiosos, intelectuales, estudiantes y ciudadanos
interesados en la compleja problemática de América Latina y el Caribe tienen, a
mi modo de ver, un significado profundo: revisar una parte de la historia del
CELA y sus diversos protagonistas, de los cuales hemos oído hablar a lo largo
de estas sesiones y cuyas ideas, esto es lo más importante, forman parte de
nuestra herencia cultural. Son nuestros gigantes sobre cuyos hombros estamos
obligados a subirnos para procurar ver más lejos. Pero, también, ha sido una
gran oportunidad para hablar de América Latina y el Caribe: de su pasado, de su
presente y de un futuro que, iluministamente, deseamos devenga Nuestra América.
¿Cuánto estaremos dispuestos a dar para que así sea?
Habría muchas más
cosas que decir derivadas de estas estimulantes Jornadas de trabajo. No hay más
tiempo por el momento. Además, es prudente que las procesemos con más tiempo y
todos juntos: en las reuniones del CELA; en las sesiones con nuestros colegas
de otros espacios interesados en estas cuestiones; en las aulas, con nuestros
estudiantes; en la algarabía de los movimientos sociales; y, también, en el
silencio de los espacios que reservamos a nuestras propias reflexiones.
[1] Texto presentado en las Primeras
Jornadas “Memoria, pertinencia y autonomía del pensamiento crítico en América
Latina y el Caribe”, los días 10, 11 y 12 de marzo de 2010, para iniciar las
conmemoraciones del 50 º Aniversario del Centro de Estudios Latinoamericanos de
la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (CELA) de la UNAM. José María Calderón Rodríguez
es Coordinador del CELA.