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Aspira a ser una organización amplia, verdaderamente
plural y representativa, con sólidas bases nacionales y profundas raíces en el
país, y que adopte nuevos estilos, formas y métodos de trabajo flexibles, que a
partir de esfuerzos y la unidad entre sus propios miembros; pues si hemos de
trabajar por la unidad de Nuestra América, debemos demostrar en la práctica que
no obstante la amplitud de la nueva organización, estamos unidos en la
diversidad, y unidos no sólo en planos declarativos, a veces en buena parte verbales y retóricos, sino en líneas y
acciones concretas y constructivas que contribuyan a hacer de nuestros países
la gran patria de todos.
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La AUNA no menosprecia, desde luego, el esfuerzo que cada
país pueda y deba desplegar, pero dada la dimensión de ciertos problemas, en
especial de aquellos que se consideran globales, la unidad regional es hoy
necesaria para aprovechar mejor nuestros recursos y asegurar niveles de vida
dignos.
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La AUNA, concretamente en México, se propone trabajar a
través de equipos pequeños y flexibles, en áreas temáticas o sectoriales
importantes y que ofrezcan mayores posibilidades de avance. Entre las primeras
destacan asuntos jurídicos, sobre libertades democráticas y derechos humanos,
económicos sobre integración regional y desarrollo, educación, arte y cultura,
cuestiones ecológicas y aprovechamiento racional de los recursos naturales,
cooperación científico-tecnológica, etc.; y entre las sectoriales podrían
mencionarse problemas de la mujer, de la juventud, asuntos sindicales y
campesinos, de las poblaciones indígenas, de empresarios y profesionistas, y
otras.
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La AUNA se propone, a partir fundamentalmente de lo que tenemos,
esto es, de los esfuerzos de diferente naturaleza e importancia en que ya
trabajan numerosas personas y organizaciones, empezar por conocer y dar a
conocer esos esfuerzos y, sobre esa base, tratar de avanzar.
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La AUNA surge en México con más de un centenar de
personas, muchas de ellas de reconocido prestigio y autoridad y vinculadas a
múltiples organizaciones, que trabajan en muy diversos campos y quienes han
convenido en que su participación se desenvolverá, no conforme a las
directrices burocráticas, sino en respuesta sobre todo a lo que, según su
actividad principal o lo que conozca mejor, cada quien prefiera hacer.
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La unidad de nuestra América no se logrará por decreto, de
arriba abajo o desde afuera, ni mientras sea algo secundario o incluso ajeno a
cada uno de nuestros pueblos. Si bien reclama la acción conjunta, y mucho
podemos aprender de lo que otros hagan, el motor de ese proceso es el esfuerzo
propio, la disposición de actuar y la conciencia de que aún los más graves
problemas a que nos enfrentamos, no son insolubles.
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Y, todo ello, sin perjuicio de desplegar la mayor
iniciativa posible en los más diversos ámbitos y de interesar a personas y a
dirigentes de múltiples organizaciones, la AUNA aspira a que numerosos
ciudadanos comunes y corrientes hagan suya la causa de la soberanía, la
democracia, el desarrollo y la unidad de Nuestra América. Y seguramente ayudará
el que, en vez de manejar tales cuestiones como conceptos abstractos, a veces de difícil comprensión y
desprovistos de contenido los desdoblemos y precisemos, a fin de que la gente
advierta que no son ajenos a sus problemas cotidianos, incluyendo los que más
gravemente la afectan.
Lo que quiere decir que, sin perjuicio de lo que en favor
de la unidad hagan los gobiernos, los partidos y otras organizaciones, la
sociedad civil en su conjunto, los movimientos populares y la acción ciudadana
juegan un papel fundamental.